El pueblo

Últimos bastiones de la vida de los gauchos

Las pequeñas callecitas internas de tierra invitan a respirar su encanto especial: la vida de los pequeños agricultores, donde se destacan su alegría y hospitalidad. Escenario inigualable para aquellos que buscan la belleza del silencio y la simplicidad.

El dominante paisaje natural, con sus montañas de cortina, viñedos antiguos, flores y frutales; el marco del azul del cielo; el sol, fuente de vida, tributo de la tierra mendocina; el blanco de sus nieves eternas del cual descienden hacia el valle en corrientes de agua que generan oasis de verdor, es perfección y armonía que acompaña el arduo trabajo de la gente.

La claridad predominante y diafanidad del Clima; el potencial de su Suelo, confluye en un racimo de uva mostrando la riqueza agrícola y el producto de las entrañas de la tierra generosa y del hombre que la labró. Las antiguas civilizaciones legan vida en sus trabajos. De su sangre y esfuerzo se nutre la vid, junto a su paciencia y su valor.